miércoles 1 de abril de 2009
Libertad lingüística
Hace un tiempo que distintas organizaciones, foros y destacados representantes políticos reivindican la libertad lingüística en Euskadi y la libertad de elección de la lengua en la educación y en contra de lo que llaman “imposición del euskara”. Lamentablemente el euskara se utiliza en el ámbito político como arma arrojadiza y termina siendo un elemento de primera magnitud en la confrontación entre las distintas sensibilidades. Quizá sea todavía inevitable. Por ejemplo, en el acuerdo alcanzado entre el PSE y el PP para que Patxi López llegue a la lehendakaritza el euskera es uno de los elementos clave. El cariz político que adquiere cualquier debate sobre el euskera es el que me ha hecho escribir estas lineas en el contexto de este blog eminentemente político, aunque tengo que decir que lamento que ésto sea así.
Quiero decir, antes que nada, que soy un firme defensor de la libertad lingüística. Pienso que cada ciudadano debe ser libre a la hora de elegir el idioma en el que quiera comunicarse. Y además, soy defensor del bilingüismo como base para la libertad lingüística. Dicen los que saben de ésto que no existen sociedades bilingües, que siempre hay un idioma que se "come" al otro. Lo que ningún lingüista podrá discutirme es que existen individuos bilingües. Yo mismo podría ser un ejemplo. Este es el punto de partida de las reflexiones que presento a continuación referidas a la libertad lingüistica:
1.- Conocer las dos lenguas oficiales de la comunidad autónoma permitirá a sus habitantes tener la libertad de hablar en uno u otro idoma en función del momento o del contexto. Conocer únicamente una de ellas hará que ese ciudadano no tenga más remedio que hablar en esa lengua independientemente del interlocutor que tenga enfrente. Creo que los que reivindican el conocimiento exculsivo del castellano de un escolar están coartando la libertad de elección lingüística para el futuro de ese niño. Pienso que los que así piensan, consiguen justamente lo contrario de lo que reivindican.
2.- Aquél que reciba una educación exclusivamente en castellano coartará, a su vez, la libertad liguística del bilingüe que no tendrá más remedio que hablar en castellano para entenderse con él. De nuevo estamos ante una situación contraria a la libertad, a la posibilidad de elegir. Creo que la verdadera libertad lingüística sólo será posible con ciudadanos bilingües que, por esa condición, elijan libremente el idioma en el que quieren expresarse en cada momento.
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