jueves 4 de diciembre de 2008

Justificaciones, explicaciones, y contextualizaciones

Los que han acabado con la vida de Inaxio Uria justificarán su asesinato diciendo que era un empresario que no aportaba fondos a la causa vasca por mucho que se lo recordaban de forma periódica. Quizá nos expliquen que era parte de la oligarquía que se aprovechaba del sudor de sus trabajadores en beneficio propio y en contra los intereses de la clase trabajadora vasca. Probablemente argumenten que su empresa participaba en las obras de un "proyecto ajeno a los intereses de Euskal Herria", obra que, por otra parte "hipoteca nuestro futuro como pueblo" y que "entierra en cemento el proyecto independentista para garantizar beneficios al PNV y a sus acólitos".

El alcalde de su propio pueblo ha expresado su "pesar, dolor y tristeza" ante "los graves hechos sucedidos en Azpeitia" como si de un accidente de tráfico, incendio, riada u otro fenómeno metereológico se tratase. Asimismo, asoció este "grave hecho" al resto de expresiones de violencia y remarcó la necesidad de «dar una solución definitiva al conflicto». Los concejales de su grupo han apoyado su discurso sin fisuras.


Como el alcalde de Azpeitia, muchos de los vecinos del pueblo y de toda Euskal Herria, contextualizan lo ocurrido y explican que esta "muerte" es consecuencia del socorrido "conflicto vasco".


Yo también he sentido pesar, dolor y tristeza, pero tras sentimientos de asco, rabia, cabreo e impotencia. Estoy harto de justificaciones, explicaciones y contextualizaciones. Además veo cada vez más difusa la linea entre la explicación y la justificación.


Han matado a un ciudadano vasco de 70 años, desprevenido, indefenso y por la espalda. Así de crudo. Así de sencillo. Así de triste.