miércoles 24 de septiembre de 2008
Sobre fenómenos metereológicos
Escuchaba hace unos días en una tertulia radiofónica una idea que consideraba que "la violencia antidemocrática del estado provoca la respuesta violenta de ETA". Se planteaba a continuación solucionar el conflicto político con el fin de solucionar el problema armado. Es decir, solucionado el problema político ETA desaparecería, no tendría razón de ser. El tertuliano enumeraba distintas razones que impedían la solución: la falta de democracía del estado, la ineptitud de los políticos, la falta de voluntad para solucionar el contencioso... Nada sobre ETA. Ninguna mención especial. Está ahí y desaparecerá si arreglamos el problema político.
Puedo estar de acuerdo con la idea que pretende transmitir el teorema inicial (ETA nace como respuesta a un problema de tipo político), pero de la misma manera que entiendería una frase que dijera: “calienta porque sale el sol”. Y quizá ésa sea la historia. ETA no es un fenómeno metereológico como la lluvia, el sol o la nieve. No es algo que esté lejos de nuestro alcance o fuera de nuestro control. ETA está entre nosotros. La integran gente como cualquiera de nosotros, que han nacido y crecido entre nosotros y que han decidido tomar un determinado camino. En esa misma situación, en ese mismo contexto, ninguno de nosotros a optado por la violencia. Luego, ante las limitaciones que impone el estado, la violencia no es ufenómeno que se tenga que dar inevitablemente, es decir, una misma causa no genera necesariamente la misma respuesta.
Por supuesto que el estado y los dirigentes políticos deben hacer un esfuerzo para alcanzar una solución razonable a este problema. Pero creo que también debemos pedir explicaciones a ETA y a su mundo a la hora de abordar planteamientos de solución. Debemos desactivar este tipo de mensajes y deslegitimar la violencia como instrumento para solucionar problemas.
Es habitual pedir responsabilidades a todos los demás. Los demás son siempre los causantes de la situación. Y es que se habla de ETA como algo caído del cielo, como una tormenta que el hombre del tiempo puede predecir pero poco podemos hacer ante ella.
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